17 abr. 2010

FANFIC: La Trilogía

Autora: Caliope Cullen
CAPITULO 35: Rencores

Bella:
Me sentía totalmente aletargada… indefensa a cualquier golpe por más sutil que fuera. Edward estaba sólo… y yo no podía protegerlo.
Jane nos devolvía a la casa de Edward, mientras mi alma se quedaba en el hotel, tratando de entender algo de su locura de permanecer con Aro. Ella no tardó en notarlo mientras Jacob trataba de calmarme diciéndome una y otra vez que todo estaba bien, así que no tuvo mejor idea que decir con saña:
—¿Y desde cuando eres tan considerada Bella? ¿O les estás mintiendo a ellos como me mentiste a Alec y a mi?
—Basta Jane… estoy pagando ahora lo que te hice pasar…
—Jamás podrás pagar lo que me hiciste pasar.
—Es cierto, jamás tendré tu perdón… jamás olvidaras que me olvidé de ti… jamás podré borrar lo que sea que hayas sentido… y créeme, “eso” ya es castigo suficiente.
—No Isabella, no lo es… y yo juré que te lo haría pagar moneda sobre moneda, pero con tu propia sangre.
Miré a Jane profundamente dolida, pero no por lo que ella decía en esos momentos sino porque no era ni remotamente la tierna y dócil niña con la que había compartido mi infancia, y la persona que tenía enfrente parecía la misma hija del dolor.
—Nada de lo que diga borrará lo que hice, ni mi comportamiento, ni mi ceguera… cúlpame cuanto me quieras culpar Jane… ya no tengo como correr de ello… ¿porque no terminas con todo esto de una vez? ¿Por qué no me matas?
—Porque sería demasiado fácil para ti, todo este vivir de muertos terminaría… no sentirías más dolor… no sabrías del peso de las sombras… no… “esa” no es mi idea de una venganza Bella.
Jake me hizo una seña y yo callé, lo único que quería era llegar de nuevo a la casa y dejar de oir a Jane, realmente me merecía cada una de sus palabras.
Ella frenó frente a la casa y yo bajé tan rápidamente que no la dejé despedirme con otra de sus ironías.

Jacob:
—Cobarde. —Escuché que dijo la Rubia cuando Bella se bajó más que rápidamente después de que hubieran discutido todo el camino.
La había mirado y escuchado mientras volvíamos y por algún extraño motivo sentí que esta vez debía tratar de entender algunas cosas antes de salir corriendo tras Bella.
—Oye Rubia, te importaría contestar algunas preguntas.
—Eres raro… ¿acaso no te das cuenta que somos enemigos naturales?... ¿Cómo diablos se te ocurre que me “gustaría” soportar tu curiosidad? —la mirada de ella era rabiosa, flemática… iracunda.
—Tal vez porque no soy “tan” inteligente. —le dije con una mueca.
—Eso es obvio Chucho.
—“Chuchito” para mis admiradoras.
—Idiota.
—Mmmmm… “chuchito idiota”… eso suena muy largo ya… algún apodo cariñoso más melódico no se te ocurre?... podría ser tu “chuchi” o algo asi, no crees?
—Creo que eres un imbécil, y lo que es peor aún estás perdido por alguien que no merece ni siquiera que la odien.
—No sé cual es tu historia con la Bonita… pero todos tenemos derecho a arrepentirnos… eso decía mi abuela.
—Bájate “chuchi”… —me dijo irónica— no me apetece perder mi tiempo con licántropos.
—Ah… eso solo porque no me conoces, si no estarías muerta con este ardiente cuerpo latino.
—Ya estoy muerta tonto.
—No importa, no has dicho nada en contra de lo “ardiente” ni de los “latino”… así que ya es un buen indicio.
—Ay! Que necio eres! Bájate…
—Ok, ok… ya entendí, se te ponen los ojitos colorados y me muestras los colmillos… entiendo Rubia… ya me voy… pero hazme un favor… deja ya el rollo de los rencores y del pasadito ese que te desvela… eres tan o más bonita que la Bonita… y ya no puedes borrar lo que haya pasado, que no te carcoma… ya tú verás. Arrivederchi.
Bajé del auto y entré en la casa después de saludarla una vez más con la mano. La mirada triste y apagada que enmascaraban sus ojos no concordaban con la fuerza vehemente de su carácter, y esa extraña combinación me resultaba desafiante y fascinante.